INFORMACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ESCLAVITUD EN LOS VALLES CENTRALES OAXACA

Real provisión ordinaria de pedimento de Doña Antonia María de Zuñiga, vecina de la Ciudad de Antequera para que se le entregue una esclava dando fianza de tenerla de manifiesto.
Fondo: Alcaldías Mayores, Año: 1692.
Fuente: Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado

Dentro del acervo documental que se resguarda en el Archivo General del Estado, existen interesantes datos que nos informan que en las comunidades zapotecas de los Valles Centrales, durante la etapa previa a la llegada de los conquistadores españoles, fueron los caciques quienes detentaban el poder absoluto sobre la población originaria de esta importante región de Oaxaca.

El patrón predominante de los asentamientos humanos en esos tiempos, consistía en colonias de diversos tamaños, en las que el centro de residencia se ubicaba en un núcleo más o menos compacto y en torno a este (a su alrededor), se situaban las tierras de cultivo que servían para el sustento de sus habitantes. En cada una de estas localidades existían miembros de una aristocracia hereditaria siendo el cacique, el único gobernante por provenir de un linaje real separado; el ascenso a dicha jerarquía era por descendencia lineal directa, como también se daba al interior de las comunidades de la zona Mixteca alta, aledaña a la región de los Valles Centrales.

Los caciques ostentaron el poder absoluto y tenían el derecho de imponer los tributos y un servicio personal de sus tributarios, quedando incluidas entre sus facultades, las de impartir justicia entre la población, fiscalizar las actividades económicas, el gobierno y decidir los asuntos de las guerras. En su función de gobernanza, eran apoyados por diversos colaboradores que ellos designaban en forma directa, a los cuales ubicaban al frente de los barrios o aldeas para efectuar la recolección de los tributos y para acallar cualquier problema entre los tributarios.

El cacicazgo, que constituyó la forma más generalizada de tenencia de la tierra de esta etapa (prehispánica), acaparo grandes extensiones y aunque al operarse la conquista, dichas posesiones fueron reducidas, se sabe que buena parte de estas, continuaron conservando áreas muy considerables, situándose entre los de mayor tamaño, los existentes en Etla y Cuilapam.

En la parte más baja de la estructura social de estas comunidades, en el período prehispánico, se encontraban los esclavos los cuales se obtenían a través de las guerras y eran objeto de comercio en determinados mercados, como el de Miahuatlán, que era el más grande en este giro y en donde podían encontrarse esclavos provenientes de Tenochtitlán, Tlaxcala, Tepeaca y de la región Mixteca.

Al llegar los españoles al Valle de Oaxaca, aprovecharon para el beneficio de la Corona, las formas de explotación de la mano de obra que persistía en la región, continuando con la esclavitud, el tequio (servicio no-remunerado), servidumbre para la nobleza y desde luego el cobro de tributos a través de los cacicazgos que se encontraban establecidos en la región de los Valles Centrales.

Los esclavos eran ocupados lo mismo para la realización de servicios como sirvientes personales o domésticos, pero sobre todo para la realización de trabajos más pesados en las plantaciones agrícolas o en las explotaciones mineras. En la década de 1520 a 1530, el interés económico principal del conquistador Español, fue la explotación de las minas de oro, a donde destinaban fundamentalmente a los esclavos indígenas, en la zona de Etla se extraía el oro mediante lavaderos hasta el año de 1540, pero la mayor parte de las explotaciones mineras, se realizaron fuera de la región de los Valles Centrales, específicamente en la región serrana zapoteca y en la zona mixe, que se localizan en la parte noreste del Valle, habiéndose establecido la población española de San Ildefonso Villa Alta como importante centro de operaciones de los mineros españoles, que en esos años eran los encomenderos.

Se sabe que antes del restablecimiento de Antequera, en 1529, Fernando Cortés, contaba con más de 500 esclavos indígenas, provenientes de los pueblos de Cuilapam, Etla, Huajolotitlan y Villa de Oaxaca, extrayendo oro en las zonas montañosas. Durante la administración del primer Alcalde Mayor de Antequera, Don Juan Peláez de Berrio, el negocio de los esclavos se desarrolló con bastante éxito, siendo poseedor él mismo de hasta 400 esclavos que estaban destinados a trabajar en las minas zapotecas.

Desde un principio la explotación de las minas fue un trabajo para esclavos, indios o negros, llegándose a instaurar el otorgamiento de licencias especiales que eran autorizadas por la Audiencia, en las que se estipulaba de manera legal cuantos esclavos podían ser adquiridos, mismos que eran marcados por el Alcalde Mayor en la cara, para su identificación como tales, prohibiéndose al amo su separación de la encomienda o que los vendiera a otra persona; lo anterior motivó distintas formas de resistencia indígena, al oponerse mediante las armas o bien emigrando hacia refugios lejanos, en cuevas y bosques, para escapar de la esclavitud forzada, ejercida por los conquistadores.

Los esclavos indígenas llegaron a constituir la fuerza de trabajo principal que hacía operar las explotaciones mineras, siendo a partir del año de 1529, cuando comienza a observarse la presencia de esclavos traídos del Continente Africano, mismos que eran más apreciados por los españoles por su fortaleza física; después de la década de 1540, la importación de esclavos negros se incrementó en la región del Valle, pero nunca llegó a crecer de manera considerable, generalmente estos no fueron enviados a la explotación de las minas, sino se destinaban a los trabajos de ganadería y a la operación de los ingenios azucareros; en el caso de esta región, la mayor parte de los esclavos negros estaban destinados a las tareas de servidumbre en las casas de los españoles que radicaban en Antequera, por lo que negros y mulatos siguieron siendo durante la colonia, trabajadores urbanos, dedicados a los servicios domésticos.

El comercio de esclavos en el Valle de Oaxaca, tuvo su etapa más álgida de 1520 a 1530, destacando los años de 1529 a 1531, cuando el Oidor Diego Delgadillo, hermano del Alcalde Mayor Peláez Berrio, regenteaba una importante red de trata de esclavos cuya ruta iba de la población de Tepeaca (Puebla) hasta Guatemala, pasando por la ciudad de Antequera, que en ese entonces era una estación muy importante para este tipo de tráfico, aprovechado esto por el referido Alcalde Mayor para intercambiar aceite de olivo, vinos, herramientas, ropa y otras mercancías, por oro y esclavos en Chiapas y Guatemala.

Fue por el año de 1538, cuando la Corona Española autorizó que una vez al año se efectuara una fundición de oro en Antequera, ya que anteriormente se debía efectuar dicho proceso hasta la ciudad de México; posteriormente en 1644, los lavaderos de oro de Etla quedaron agotados, por lo que la actividad minera del Valle volvió a resurgir con el descubrimiento de las minas de la zona de Chichicapam.

La minería tuvo un importante auge y representó el medio de subsistencia para numerosas familias del Valle, por lo cual en el año de 1643, se instauró una práctica de compra-venta de indígenas para trabajar en las minas mencionadas, dándose el caso de personas que obtenían su sustento de realizar el comercio de esclavos indígenas.

Plano de la Ciudad de Oaxaca, 1790

Algunos estudiosos consideran que la esclavitud de los indígenas en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, no fue tan prolongada como en otras regiones de la Nueva España, debido a que en esta región, el conquistador experimento una mayor eficacia en el aprovechamiento de las formas tradicionales de organización para el trabajo, que los pueblos indígenas de esta región sostenían, para alcanzar el mayor éxito económico en sus explotaciones.

Cabe señalar que en los inventarios que acompañan a algunos documentos que contienen distintos testamentos, se puede observar que después de hacer la lista los bienes muebles e inmuebles, así como del ganado, la ropa y calzado que eran heredados, se incluía hasta el final una lista de esclavos que poseía el testador, con sus designaciones y rasgos principales, otorgándoles un valor monetario a cada uno, de acuerdo a la edad y características físicas, en cuya relación, eran también incluidas las esclavas que contaban con descendencia.

Finalmente y para quienes deseen profundizar en esta interesante temática, en el Fondo de Alcaldías Mayores del Archivo General del Poder Ejecutivo sita en Santos Degollado No. 400, Centro Oaxaca, podrán consultar diversos expedientes que describen evidencias escritas sobre la existencia y trato que se otorgaba a los esclavos, en esta época que como se sabe, se extendió a lo largo de trescientos años.